No hace mucho tiempo, muchos padres se preguntaban a qué edad deberían darles a sus hijos un acceso a las llaves del auto o de la casa. Hoy en día, el escenario cambió y ahora se enfrentan a un dilema algo más particular: ¿a qué edad debería un niño tener su primer teléfono celular?

Si bien expertos en cibernética, estudios sobre el tema y los padres tienen opiniones diferentes entre sí, todos coinciden: cuanto más se espere para darle un celular a un hijo, mejor. Cuanto mayor es el niño, más segura es la utilización de un smartphone. La explicación de aquellos detractores es simple: el celular significa una distracción adictiva que atenta contra el desempeño escolar y además expone a los menores a algunos peligros típicos de la red como el bullying online, la pedofilia y el sexting.

“El mayor tiempo que pueda mantenerse cerrada la caja de Pandora, mejor será el resultado”, dijo Jesse Weinberger, un experto en seguridad de Internet de Ohio, que se encarga de dar presentaciones a padres y escuelas. “No hay conexión con el peligro sin el dispositivo”, dijo.

Jesse Weinberger, autora del “El hombre de la bolsa existe: y está en el bolsillo de tu hijo”, dijo que examinó a 70 mil niños en los últimos 18 meses y descubrió que, en promedio, el sexting comenzó a los 10 años, el consumo de la pornografía comenzó a los ocho, y la adicción a los contenidos pornograficos alrededor de los 11 años.

En otro estudio publicado este año, Common Sense Media encuestó más de mil padres e hijos sobre el tema y descubrió que un 50 por ciento de los niños admitían ser adictos a sus smartphones. También descubrieron que el 66 por ciento de los padres sentían que sus hijos utilizan demasiado sus dispositivos móviles y el 52 por ciento de los niños estuvo de acuerdo. Además, alrededor del 36 por ciento de los padres dijeron discutir con sus hijos todos los días sobre el uso del dispositivo.

En ese punto, algunas investigaciones apuntan a la fisiología también. La corteza prefrontal, una parte del cerebro que controla los impulsos, se termina de desarrollar a mediados de los años 20. Es decir que los padres no deberían sorprenderse si sus hijos más jóvenes no controlan sus impulsos con los dispositivos.

Los teléfonos inteligentes, sin duda, aportan beneficios. En primer lugar, permiten una comunicación fluida con los padres, acceso a aplicaciones de gran alcance (entre las que se incluyen herramientas de educación) y una gran cantidad de información de la web. Pero también son un acceso fácil a juegos de distractivos, aplicaciones de sexting y una exposición peligrosa en las redes sociales.

“Al final, las desventajas son mayores que las ventajas”, dijo Weinberger. “Si uno espera para darle un teléfono inteligente a un niño, muchos todavía pueden tener acceso a las herramientas de la tecnología a través de dispositivos como computadoras y tabletas”, añadió. La principal diferencia de estos dispositivos con un teléfono inteligente es que un teléfono se transporta con el niño a todas partes y es utilizado sin la supervisión de los padres.

En última instancia, después de analizar los riesgos y los beneficios, la idea de algunos adultos es determinar cuándo su hijo necesitará realmente un celular. Al llegar ese momento, existen algunos métodos para evaluar la responsabilidad de un niño.

Una opción muy eficaz es que los niños comiencen con dispositivos móviles “simplificados”, teléfonos que sólo pueden enviar mensajes de texto o llamadas telefónicas, y evaluar pueden usar esos dispositivos de forma responsable.

También hay otras formas de establecer límites. Para ayudar a los padres, Weinberger publicó un “contrato” de las normas de uso de teléfonos inteligentes que incluye “promesas”, como nunca tomarse autofotos sin ropa o nunca tratar de encontrarse con extraños en la vida real. Los padres informan de las consecuencias que podrían traer romper las reglas y el niño debe firmar este contrato para poder tener un teléfono.

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